Aquí, en la cara oculta de la luna se quedan las amarguras, las frustraciones, desencantos, todo lo que haya podido hundir mi vida...
Y poco a poco ir levantando el vuelo hacia otro horizonte, lleno de luz y esperanza...
Dulce mariposa que has venido a mi balcón,
Cuéntame si entre sus sueños alguna vez vivo yo...
Dime si su piel se eriza con solo escuchar mi voz,
o si acaso al recordarme se siente cerca de Dios...
Dime dulce mariposa, si acaso llega a quererme, la mitad de lo que yo...
Hacia donde va el agua, la vida... Hacia donde van las nubes, en busca del mar... Allí descargarán mi llanto, el de esta mañana, el que he derramado, al volverte a evocar...
Allí se ahogaran suspiros de amargura y de tristeza, que ya no quiero más pena, que ya no quiero llorar, que quiero ser hierva fresca merodeando en tu orilla y en cuantito te descuides... Yo te volveré a besar!...
Para envolverte despacio con mi manto de ternura, para decirte mil veces que no te voy a olvidar y voy a volverme seda de color de blanca luna para ceñirme a tu cuerpo y no puedas escapar...
Hacia donde va el viento, volando... Besos dorados, violetas y hasta de espuma de mar... van a volar en tu busca para mostrarte el camino y cuando estés a mi lado... No sepas volver atrás...
la habitación de la residencia donde sus hijos la habían tenido que internar unos meses antes.
Con todo el dolor de sus corazones, pero su madre se encontraba en un estado en el que era imposible dejarla sola y ellos tenían que trabajar, para salir adelante…
La había despertado el ruido de las cuidadoras por el pasillo,
Como cada día, ella abrió sus ojos y su mirada permanecía perdida en algún lugar del tiempo…
La llamaron, pero ella no reconocía ni su propio nombre…
La vistieron con esmero, le habían tomado cariño a esa viejita de ojos tristes y perdidos…
Después de comer las cuidadoras la sacaron a la placita que había en la entrada de la residencia, ella caminaba por su propio pie, pero no podían dejarla sola…
Se sentaron en un banquito a la sombra de un hermoso chopo, Azucena miraba con sus tristes y extraviados ojos.
Se juntaron con otras cuidadoras y más viejitos de la misma residencia y en un momento dado Azucena se puso de pie…
Nadie se dio cuenta de que Azucena comenzaba a caminar, ella sintió de pronto que tenía que ir a algún lugar, que alguien la llamaba, que alguien pensaba en ella…
Poco a poco, la negrura de su mente se fue disipando y recordó una sonrisa, unos ojos, una voz…
Continuaba caminando y las calles se iban haciendo familiares para ella, sabía exactamente a donde se dirigía…
De pronto se miró las manos y ya no estaban arrugadas, se tocó la cara y la sentía tersa y su paso cada vez era más liviano y veloz…
Y de pronto se vio en esa calle tan familiar para ella…
Azucena sintió una enorme emoción, que le estrujaba el pecho…
Se sentó en el banco que había justo enfrente de esa puerta, que ella tantas veces había pasado caminando por esa calle y con las manos entrelazadas, esperaba ver aparecer por alguna esquina esos ojos que golpeaban con furia, sus recuerdos y su corazón…
Las cuidadoras la encontraron tumbada en el suelo, pegada a una puerta y encogida como una niña pequeña…
Su corazón ya no latía, se había parado porque en un momento dado, no pudo resistir la fuerza de ese sentimiento que le embargaba…
Las cuidadoras la abrazaron con ternura y pudieron ver, que a pesar de la rigidez de la muerte, en la cara de Azucena había una enorme paz y una sonrisa infinita…